Jolgorio mental

¿Sabes qué?

Estoy molida. Llevo una semana que “pa qué”. Y encima me pongo a estudiar y se me resisten los griegos. Manda narices. Ya podían ser un poco comprensivos y hacerse entender mejor. El que esté estudiando un texto en inglés a lo Big Bang Theory no ayuda tampoco, claro. A estas horas no está ya una para mucho jolgorio mental, vaya.

Pero seré positiva, porque total, como dice mi madre: “Dos males tienes, enfadarte y “desenfadarte”. (En realidad dice “cabrearte”, pero lo otro queda más fino). Bueno, a lo que iba, los griegos, en plan resumen…

Los griegos se preocupaban más de filosofar que del calzado. Platón de hecho estaba en contra del calzado, él prefería andar descalzo y lo recomendaba fervientemente a todo aquel que quisiera escuchar. No se esmeraron mucho en inventar algo nuevo o cambiar la moda, como los romanos. siguieron con la costumbre de la sandalia egipcia y el zapato puntiagudo de los hititas (¿te acuerdas?). Pero subieron el grosor  de la suela considerablemente, unos tres-cuatro centímetros. Como éstas, más o menos.

coturnos

Aunque sentaron las bases para un nuevo tipo de calzado: los coturnos (o plataformas en la actualidad). El invento se le atribuye a Esquilo (525 – 456 a. C.) y supuestamente fue creado para los actores de las tragedias griegas, para aportar más dramatismo a los papeles de héroes y dioses. Era simplemente una plataforma de corcho de gran altura, un gran mazacote bastante inestable. Te hablo de incluso 20-30 cm. de alto, una barbaridad y encima de un escenario, imagínate…  eso debía de ser igual de bochornoso que si un ángel de Victoria Secret se cayera en mitad de la pasarela (aunque ellas no se caen, ahora que lo pienso…). El caso es que los coturnos representan el principio de los tacones y no se vuelven a utilizar hasta finales del siglo XVI en Italia. (Venecia, carnavales, misterio, damas presumidas…) Siguen manteniendo la altura imposible, pero se convierte en un zapato normal, con un diseño peculiar, sobre todo e la forma y los materiales.

También hay una costumbre griega bastante curiosa: a las cortesanas se les permitía adornar las sandalias con piedras preciosas. Se cuenta que “sus suelas tachonadas dejaban un mensaje claro en la arena… “Sígueme”. Es curioso este dato porque se empieza a concebir el calzado como un objeto fetiche relacionado con la seducción de la mujer, con la “mala” se supone, la que vive en pecado. Como Judith la de Holoférnes.

Y eso es todo. Venga a darle vueltas a la levedad del ser y de los zapatos y al final lo que más me ha llamado la atención es el dato de las cortesanas… Se repite en los romanos, de hecho. (Y de ahí a la eternidad). Aunque ellos le dan más protagonismo e imponen, además de joyas, zapatos rojos. Pero eso la semana que viene, que los romanos sí que la lían buena.

¡Que tengáis buen fin de semana!